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Vejiga neurogénica: orinar de manera diferente

La vejiga neurogénica es la alteración del funcionamiento vesical (vejiga) relacionado con enfermedades neurológicas.  Es provocada por un amplio espectro de patologías y no se debe a una sola causa. Se puede producir como consecuencia de cualquier enfermedad neurológica, como la Esclerosis Múltiple o Parkinson, por ejemplo. También puede afectar a pacientes con diabetes, enfermedad que daña las terminaciones nerviosas, incluyendo las de la vejiga.

Una causa frecuente de vejiga neurogénica, es la lesión medular. Es decir, las personas parapléjicas o tetrapléjicas, es muy probable que sufran algún tipo de disfunción vesical. En estos pacientes es muy importante el abordaje y tratamiento precoz de la vejiga neurogénica, dado a que su mal manejo, es una de primeras causas de enfermedad (e inclusive fallecimiento) en este grupo de personas; principalmente producto del daño que puede provocar en los riñones y las infecciones recurrentes.

Cómo se comporta la vejiga neurogénica

Existen dos patrones de vejiga neurogénica en los cuales se pueden categorizar casi todos los pacientes:

  1. Vejiga hipoactiva: Vejiga que se encuentra absolutamente relajada todo el tiempo, por lo que no podrá vaciarse sola (retiene la orina). Estos pacientes, usualmente, tienen una acomodación vesical bastante buena y no tienen contracciones vesicales, por lo que no suelen perder orina entre cateterismos.

 

  1. Vejiga hiperactiva: es aquella que, bajo cualquier circunstancia, tiene la necesidad de vaciarse (aunque haya poca orina dentro), produciendo una contracción vesical muy intensa. Como este paciente no controla su vejiga, sufre de pérdidas de orina involuntaria. La complejidad en este caso es que, la vejiga buscará expulsar la orina de todas formas, ya sea hacia fuera o en algunas oportunidades devolviéndola hacia los riñones (provocando daño renal o infecciones).

En ambos casos, la persona necesitará realizarse cateterismo intermitente, que significa vaciar su vejiga a través de una sonda. El médico lo orientará sobre qué tipo de sonda utilizar y cada cuánto tiempo debe cateterizarse para realizar vaciamiento vesical. “Es muy importante realizar el diagnóstico a tiempo y aclarar al paciente que, con un buen manejo de su condición, puede llevar a cabo una vida normal”, comenta la doctora Cristina Baeza, uróloga de Clínica Dávila.

Diagnóstico

Es importante la historia del paciente, conocer la causa del daño vesical y otros detalles. En general, son necesarios algunos exámenes complementarios, como: la ecografía de abdomen y vejiga; la urodinamia, que permite evaluar cómo funciona la vejiga y qué patrón vesical tiene la persona; y la cistoscopia, que permite ver el trayecto uretral por donde pasa la sonda hasta la vejiga. Existen otros exámenes que pueden ser necesarios en algunos casos.

Tratamiento

El tratamiento consiste principalmente en la educación de la persona con respecto a su condición y el cambio en algunos hábitos de vida. En ocasiones se puede agregar medicamentos, si es que corresponde.

Según explica la doctora Baeza, en el tratamiento y seguimiento de la vejiga neurogénica, es fundamental el autocuidado del paciente, a quien se debe explicar bien su condición, para que así entienda las razones y necesidad de cambio de hábitos en relación al manejo vesical y pueda estar atento a cualquier señal de alarma (como por ejemplo, escapes de orina).

Seguimiento

Un paciente bien manejado y responsable en su condición, puede visitar a su médico cada seis meses.

Durante la consulta médica, el doctor hará preguntas que den cuenta de su manejo vesical y complicaciones: ¿Cómo vacía su vejiga?, ¿le cuesta pasar la sonda?, ¿tiene pérdida de orina?, entre otras.

También solicitará, cada cierto tiempo, una batería de exámenes:

  • Función renal: revisar que los riñones no se estén deteriorando.
  • Ecografía de la vejiga y los riñones: asegurar que no existe un daño en el sistema producto de un mal manejo vesical.

Eventualmente es necesario repetir exámenes, como:

  • Cistoscopia: para evaluar posible daño uretral producto del cateterismo y valorar cómo está la vejiga (que no se esté engrosando y dañando).
  • Urodinamia: evaluar cambios en patrón vesical, por ejemplo en personas que previamente no tenían escapes de orina y luego empiezan a perder orina entre cateterismos.

“La idea es que el paciente pueda continuar haciendo su vida independiente y que no vea esto como una enfermedad. Es una forma de orinar diferente que, a su vez, ayudará a prevenir de complicaciones futuras”, indica la doctora.