Cuando una persona es diagnosticada con un cálculo renal es necesario identificar su tamaño, dureza y ubicación, con el fin de definir qué tipo de tratamiento se ofrecerá. Usualmente, cuando el cálculo es menor a 5 milímetros, el paso a seguir es esperar que se elimine solo ayudado de medicamentos. Sin embargo, cuando el cálculo es mayor a 7 milímetros, se recomienda el tratamiento mediante cirugía.

Ahora bien, ¿existe un único método de extracción? ¿Cuál es la mejor opción para mí? Si bien es el médico la persona indicada para decidir cuál es el mejor tratamiento para su paciente; también es muy importante que el paciente tenga claro cuáles son sus alternativas:

  • Cirugía percutánea (habitualmente se utiliza en cálculos mayores a 2 centímetros): Se hace un pequeño orificio en la piel del paciente por donde se ingresa con una cámara al riñón para tratar el cálculo.
  • Cirugía mini percutánea: Similar a la anterior, pero el orificio que se realiza en la piel es casi la mitad que en una cirugía percutánea tradicional. Esto disminuye el riesgo de sangrado, provoca menos dolor postoperatorio y habitualmente el paciente no requiere de drenaje por la piel (nefrostomía).
  • Cirugía retrógrada intrarrenal (ureteronefroscopía flexible): Se ingresa una cámara flexible digital (de alta resolución) por el conducto donde sale la orina (uretra) y se asciende hasta el riñón. Luego, a través de una fibra láser se fragmenta el cálculo o si es muy pequeño, se extrae directamente. Es una técnica menos invasiva pero que requiere de profesionales entrenados y de equipos especializados.
  • Litotripsia extracorpórea: Es una cirugía no invasiva en la cual se coloca al paciente en una camilla especial y se “bombardea” con ondas de choque. Estas ondas ingresan al cuerpo y viajan hasta el cálculo. Cuando la piedra es alcanzada por las ondas, éstas liberan energía, fragmentando la piedra.
  • Cirugía laparoscópica: En casos muy puntuales, se puede extraer el cálculo por este tipo de cirugía. Para ello, se instala una cámara y pinzas a través de pequeños agujeros en el abdomen y se llega hasta el riñón o uréter afectado, se realiza un pequeño corte, se extrae el cálculo y se sutura, todo internamente. Las incisiones externas son mínimas.
  • Uteroscopía: Indicado para cálculos que se encuentran a un nivel más bajo, en el uréter cerca de la vejiga. Consiste en introducir, a través del uréter, una cámara semirrígida que permite fragmentar la piedra con láser o simplemente tomarla y extraerla sin necesidad de romperla. Todo dependerá de su forma y tamaño.

Recuperación

“En general, la recuperación de estas intervenciones es rápida y muy buena. En la mayoría de los casos el paciente puede ser dado de alta al día siguiente y, en algunos casos, hasta existe la posibilidad de que sea un procedimiento ambulatorio. En el caso de la cirugía percutánea, es necesario que el paciente pase dos o tres noches hospitalizado, básicamente para observarlo y asegurarnos de que todo salió bien”, asegura el doctor Alejandro Miranda, urólogo de Clínica Dávila.

Una vez resuelto el episodio de cálculo, es muy importante estudiar al paciente, dar tratamiento e introducir modificaciones en la dieta o estilo de vida para disminuir el riesgo de que vuelva a formar otro. Para ello, en algunos casos, será necesario hacer un estudio metabólico mediante el cual podremos determinar las causas de la formación de los cálculos.