Se denomina pie plano cuando se pierde el arco plantar de modo que, al caminar, se apoya toda la planta en el suelo. El pie normal, por el contrario, contacta el suelo en sólo tres puntos: la cabeza del primer metatarsiano, el talón y el borde externo. El pie plano más común es blando y flexible; y no suele representar enfermedad. Habitualmente es asintomático en la mayoría de los pacientes, pero en algunos casos provoca dolor por la alteración de la mecánica del pie. Es uno de los motivos más frecuentes dentro de la consulta ortopédica pediátrica.

Según el doctor José Monasterio, traumatólogo infantil de Clínica Dávila, en el recién nacido y en el niño menor es esperable la presencia de un pie plano laxo como consecuencia normal fisiológica. Este aspecto se observa por la prominencia de la almohadilla grasa del arco interno. “Este tipo de pie plano no debiera generar preocupación si al hacerse el examen físico es blando y flexible, formando un arco plantar al extender el dedo gordo en forma pasiva. El examen físico es fundamental para confirmar que es flexible”, indicó. Sin embargo, cuando un pie plano es rígido, siempre conlleva un cuadro patológico.

Los pies planos rígidos, aquellos que no se corrigen cuando el niño se para de puntillas, o los que producen dolor, deben considerarse anormales.

El arco plantar se formará progresivamente mientras el niño crece y fortalece la musculatura de esa zona.  Hasta los 6 años se puede considerar normal un pie que apoya con una huella plana acompañada por una desviación del talón hacia fuera (siempre que sea flexible). Esto se observa cuando al ponerse el infante de puntillas, aparece el arco y el talón alinea su posición.

Frente a un paciente que presenta pie plano es fundamental determinar si corresponde a alguno de aquellos pies planos que requieren tratamiento precoz, tales como el pie plano congénito; los secundarios a secuelas neurológicas; o el pie plano por fusiones de algunos huesos del retropié.

Tratamiento

Tradicionalmente, los casos de pie plano flexible se trataban con plantillas correctoras que apoyaban el arco longitudinal y que, además, corregían el valgo del calcáneo. Actualmente, la recomendación es que un niño con pie plano flexible – sin síntomas importantes – utilice zapatos corrientes y no requiera de tratamiento si no presenta molestias. Sólo se utilizarán zapatos especiales o plantillas en los niños que tengan dolor intenso y persistente, o en aquellos que desgasten o deformen rápidamente un calzado de uso habitual. El 80 % de los pies planos flexibles se resolverá en forma espontánea; y los estudios no han demostrado que el uso de plantillas o calzados especiales alteren la evolución de los pies planos.

Recomendaciones

Lo que resulta de mayor utilidad para mejorar el pie plano flexible es motivar la actividad física de los niños en juegos donde tengan que utilizar activamente sus pies y donde puedan fortalecer la musculatura plantar. Es preferible el desarrollo de juegos y actividades entretenidas que la prescripción de ejercicios monótonos y de baja adherencia por parte de los pacientes. Caminar descalzo en la arena, subir cuestas o andar sobre terrenos irregulares, pueden ser útiles para acelerar la resolución de los pies planos flexibles.

No será de mucha utilidad tener lo último en tecnología de plantillas si el niño se queda sentado frente al televisor o al computador.