El páncreas es un órgano que está situado en el abdomen y se encarga básicamente de dos cosas: la primera, producir insulina para controlar la glucosa en la sangre (la que es insuficiente en los pacientes diabéticos), y la segunda, generar enzimas digestivas que son secretadas al intestino y permiten digerir y absorber los alimentos que comemos.

El doctor Ricardo Rossi, cirujano digestivo de Clínica Dávila, explica que existen diferentes motivos por los cuales se puede inflamar el páncreas, siendo el más frecuente la coledocolitiasis, cálculos en el conducto biliar llamado colédoco. Dicha inflamación es denominada pancreatitis.

Cuando la pancreatitis es causada por coledocolitiasis, ocurre en general porque existe una colelitiasis, cálculos en la vesícula biliar, los cuales migran y descienden por el colédoco generando una obstrucción en relación al sitio donde el colédoco y el conducto pancreático se unen, gatillándose la inflamación del páncreas. Mientras más pequeños los cálculos en la vesícula biliar, mayor es la posibilidad de que puedan migrar al colédoco y desencadenar una pancreatitis aguda.

Existen diferentes grados de inflamación del páncreas, que van desde leves, moderadas a severas, y según aclara el experto, aproximadamente un 20% de las pancreatitis son severas.

Asimismo, agrega que las pancreatitis leves constituyen cuadros clínicos benignos. La forma moderada implica un compromiso transitorio y breve de la función de algunos órganos y/o el desarrollo de complicaciones locales como son las colecciones líquidas o complicaciones sistémicas, como puede ser el empeoramiento de alguna condición crónica del paciente. La pancreatitis moderada se asocia a una mortalidad baja. Las pancreatitis severas determinan un compromiso persistente de la función de múltiples órganos y conllevan un riesgo vital importante. Las pancreatitis severas evolucionan frecuentemente con la necrosis o muerte de una parte o hasta todo el tejido pancreático y/o de los tejidos circundantes al páncreas, conocidas como pancreatitis necrohemorrágicas.

Síntomas de la pancreatitis

El doctor Rossi manifiesta que los síntomas de la pancreatitis habitualmente son dolor abdominal superior en faja, de aparición súbita, que puede extenderse a todo el abdomen y hacia la espalda. Muchas veces, el dolor abdominal está asociado a náuseas y vómitos.

Además, asegura que en general, los síntomas de los pacientes con pancreatitis aguda leves, moderadas y graves pueden iniciarse de la misma forma, y la diferencia está en la evolución de estos síntomas. “En general, en los primeros días se tiene claro qué pacientes van a tener cuadros leves, moderados o graves. Todos los pacientes pueden partir igual, pero algunos en pocas horas o días, pueden escalar en gravedad, y pasar de estar en una unidad de tratamiento intermedio, relativamente estables, a requerir del traslado a la unidad de cuidados intensivos y tratamiento de apoyo más agresivo”, indica el especialista.

Diagnóstico y tratamiento de la pancreatitis

Cualquier paciente con un dolor abdominal superior intenso que persiste durante horas o días, debe consultar a un especialista en un centro médico o en un servicio de urgencia para que pueda ser evaluado y estudiado para definir el diagnóstico y el tratamiento correspondiente.

Si el especialista decide descartar o confirmar el diagnóstico de pancreatitis, va a solicitar al paciente un examen de sangre llamado amilasa y/o lipasa, que son enzimas pancreáticas que se elevan cuando existe una pancreatitis aguda, pero que también pueden elevarse en otras enfermedades.  “La elevación de estas enzimas más de tres veces sobre el límite superior normal es considerado diagnóstico de una pancreatitis aguda”, manifiesta el cirujano.

Un escáner de abdomen será solicitado para descartar otras enfermedades o para evaluar la extensión de la pancreatitis, como también se solicitarán otros exámenes de sangre con el fin de evaluar el estado general del paciente y la función de sus órganos.

En general, el tratamiento de las pancreatitis agudas es de soporte, lo que implica apoyar y proteger los diferentes sistemas u órganos del paciente, principalmente a través de una adecuada hidratación y apoyo nutricional, junto con el tratamiento y supervisión de sus síntomas y de la función de sus órganos. Si evolucionan a una forma severa, con compromiso mayor y sostenido del sistema cardiovascular, renal, y/o respiratorio, los pacientes pueden llegar a requerir de todas las medidas de soporte disponibles, incluyendo, por ejemplo, ventilación mecánica, medicamentos para mantener una adecuada presión sanguínea y perfusión de los órganos, nutrición endovenosa y/o enteral a través de una sonda, diálisis y tratamiento antibiótico según el caso, entre otros.

En el caso de una pancreatitis severa, necrohemorrágica, la infección de la necrosis requiere del uso de antibióticos y de su drenaje.  El tratamiento para drenar o extraer la necrosis dependerá de la situación clínica del paciente y de la localización y extensión de la necrosis. Las diferentes estrategias terapéuticas van desde el drenaje percutáneo que consiste en la instalación bajo guía radiológica de tubos de drenaje a través de la piel que se ubican en los sitios de necrosis, pasando por el tratamiento endoscópico, hasta llegar a la cirugía, pudiendo requerir de una combinación de estas intervenciones para realizar el tratamiento adecuado.

Dependiendo de la cantidad del páncreas necrótico que debe removerse en estos casos, algunos pacientes pueden terminar con algún grado de insuficiencia del páncreas, sea en su capacidad de producir insulina o de generar enzimas digestivas. La primera situación es compatible con una diabetes y requiere de medicamentos orales y/o la administración de insulina para controlar el nivel de glucosa en la sangre, y la segunda implica tomar enzimas pancreáticas sintéticas para poder digerir y absorber los alimentos que se ingieren.

Si se demuestra que el origen de la pancreatitis aguda ha sido una colelitiasis, el paciente debe ser intervenido previo a su alta para extraer la vesicula biliar para evitar nuevos episodios de pancreatitis aguda en el futuro.

Finalmente, cabe destacar que la mejor forma en que un paciente puede prevenir esta complicación es realizándose una ecografía abdominal. La recomendación del doctor Rossi es realizarla como un estudio preventivo al menos una vez cada tres años, o antes si aparecen sintomas sugerentes de colelitiasis, como son dolor abdominal epigástrico, superior derecho y/o de espalda. De esta forma, se puede detectar precozmente una colelitiasis, tratarla quirúrgicamente con la extirpación de la vesícula biliar, evitando así la posibilidad de la migración de cálculos al colédoco que pueden producir una pancreatitis aguda.