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Gerardo Constanzo: “Me sentí seguro y acompañado en Clínica Dávila”

Hace dos años le detectaron un linfoma “no Hodgkin”. Tras el diagnóstico, Gerardo Constanzo pasó por varios ciclos de quimioterapia sin que esta enfermedad se diera por vencida. Con el paso del tiempo su única alternativa fue un trasplante de médula ósea (TMO), procedimiento que fue realizado con éxito durante la pandemia.

Tiene 44 años, es supervisor de obras y se ha dedicado más de dos décadas a la construcción. Vive junto a su señora e hija en la comuna de El Bosque y, hasta hace poco tiempo, se consideraba un hombre sano. 

“El año 2018 empecé a tener sudor intenso por las noches, tenía malestares en la garganta y tos profunda sin estar resfriado, además de cansancio extremo”, confiesa. Sin embargo, no le prestó mayor atención a sus síntomas hasta que los ganglios de distintas partes de su cuerpo comenzaron a inflamarse notoriamente. 

En ese momento fue cuando decidió consultar con un médico para saber de qué se trataba. “Fui donde un especialista, me hice algunos exámenes y él inmediatamente se dio cuenta de que algo no estaba bien, por lo que me pidió una biopsia”. 

Dado que su señora, Susana Quezada, es TENS en Clínica Dávila, sintieron la confianza de buscar una segunda opinión en la clínica. Gerardo fue evaluado por el Dr. Alexander Adauy, cirujano especialista en cabeza y cuello, quien coincidió con que era necesario realizar una biopsia. El resultado evidenció una inesperada noticia: tenía un tipo de cáncer poco común, llamado linfoma “no Hodgkin” de células del manto.

El linfoma de células del manto es un tumor del sistema linfático que se produce por la acumulación y proliferación desordenada de linfocitos B transformados en células malignas. El tratamiento de este cáncer puede incluir diversos medicamentos, quimioterapia, radioterapia o un trasplante de células madre. 

De esta forma, Gerardo empezó con seis ciclos de quimioterapia en el prestador que le designó su Isapre, dado que esta enfermedad es una de las 85 patologías GES. Al finalizar este período, un escáner mostró que el linfoma estaba en remisión y que solo necesitaba controlarse cada tres meses. 

No obstante, tiempo después la enfermedad volvió a aparecer y Gerardo decidió volver a consultar en Clínica Dávila. Esta vez, la Dra. Marcela Espinoza, oncóloga de la institución, le indicó tres nuevos ciclos de quimioterapia para optar a un trasplante de médula ósea.

El segundo de ellos comenzó el 3 de marzo de 2020, fecha que coincidió con el primer caso de coronavirus en el país. “No le tenía miedo al virus, solo tenía miedo de que el equipo no pudiera hacerme el trasplante. Sin embargo, pasó todo lo contrario, los doctores me dijeron: vamos”, confiesa. 

De esta forma, el 27 de abril, Gerardo fue sometido a un trasplante de médula ósea de tipo autólogo. “Este procedimiento consiste en la recolección de células madre sanguíneas del propio paciente y la administración posterior de dosis muy altas de quimioterapia para eliminar células cancerosas residuales que podrían haber quedado después de los ciclos previos al trasplante. No obstante, al hacer esto, se elimina también la médula ósea sana y, para restituirla, se reinfunden las células madre previamente recolectadas. De esta forma, por un lado, intentamos eliminar el cáncer residual y, por el otro, eliminamos el sistema inmune sano, que tomará varios meses en regenerarse. Es por esto que pacientes como Gerardo están más susceptibles a infecciones durante un periodo prolongado», explica el Dr. Pablo Ramírez, hemato-oncólogo y especialista en trasplante de médula ósea de Clínica Dávila.

 
Con respecto al desafío de realizar este procedimiento durante la pandemia, el especialista agrega: «Diferentes organizaciones internacionales recomendaron postergar los trasplantes no urgentes para disminuir el riesgo de muerte en caso de contagio por COVID-19 en pacientes hematológicos. Sin embargo, el caso de Gerardo se trataba de un linfoma de alto riesgo de recaída, por lo que postergar el procedimiento no era opción. Ante este escenario, en Clínica Dávila tomamos todos los resguardos necesarios y, al ser dado de alta, el paciente y su familia cumplieron todas las medidas de protección, incluyendo aislamiento social, uso de mascarilla y lavado de manos frecuente. De esta forma, logramos que pasara la primera ola sin incidentes, tanto él como todos los pacientes que trasplantamos durante estos meses de pandemia”.  

Ya han pasado siete meses y el cáncer está en remisión. Gerardo se siente muy bien y, aunque debe tener máxima precaución para evitar cualquier posibilidad de contagio, solo debe controlarse todos los meses.

“Recomiendo la clínica absolutamente. Cuando a uno le diagnostican un cáncer se siente muy vulnerable, y lo que más necesitas como paciente es seguridad. Y eso fue lo que encontré acá. Sentirse seguro y acompañado, y saber que los profesionales que están a cargo de uno están haciendo bien su trabajo es fundamental”, finaliza Gerardo.

Fecha de publicación: 14/12/2020