La leucemia, más popularmente conocida como cáncer a la sangre, se expresa como un crecimiento tumoral que se origina en la médula ósea, sin embargo, sus células salen a la sangre, por lo que los especialistas son capaces de observarlas en el flujo sanguíneo.

Tipos de leucemia

El doctor Gastón Figueroa, hemato-oncólogo de Clínica Dávila, explica que las leucemias se pueden clasificar en dos grandes grupos: las agudas y las crónicas.

Respecto a las leucemias agudas, aclara que son fenómenos agudos en que el proceso oncológico parte muy bruscamente. “Aparece un tumor que crece rápidamente en la médula, habitualmente en un proceso de pocas semanas, y éste es un cuadro clínico mucho más brusco y muchísimo más llamativo para los pacientes, porque básicamente donde crece este clon leucémico en la médula ocupa todo el espacio e inhibe todo el funcionamiento normal de la medula, entonces, caen todos los elementos normales de la sangre, caen los glóbulos rojos, caen los glóbulos blancos, caen las plaquetas, el paciente tiene rápidamente síntomas y palidez”, comenta.

Un paciente con leucemia aguda presenta en un transcurso de pocas semanas, y en algunos casos de pocos días, los siguientes síntomas:

  • Infecciones de todo tipo, por ejemplo, respiratorias y urinarias.
  • Síntomas hemorrágicos (sangramiento de encías, nariz, etc.)
  • Petequia en la piel (puntitos rojos en la piel).

Por otro lado, las leucemias crónicas se caracterizan por ser un proceso más lento que se desarrolla durante varios meses. “El paciente pasa meses en que se siente mal. A diferencia del otro cuadro que son pocas semanas en que empiezan los síntomas, el paciente termina consultando y no pocas veces consulta directamente a urgencias porque se siente pésimo”, confiesa el doctor Figueroa.

Asimismo, aclara que las leucemias crónicas pueden ser divididas en dos sub- tipos: leucemia linfática crónica y leucemia mieloide crónica.

La leucemia linfática crónica es la más frecuente y afortunadamente la menos agresiva, ya que una buena parte de los pacientes puede tener un diagnóstico positivo y no recibir tratamiento durante mucho tiempo, ya que la enfermedad puede estar estable por años. “Ahí uno tiene que demostrar que la condición está produciendo síntomas o tiene alguna complicación asociada para que tenga beneficio tratarlos con quimioterapia”, asegura el experto.

Es por lo anterior que, un paciente que tiene leucemia linfática crónica no presenta mayores síntomas, el especialista explica que son más bien como un malestar general, por lo que el diagnóstico se hace a través de un hallazgo fortuito por un examen de laboratorio habitual como el hemograma.

Por su parte, la leucemia mieloide crónica es una patología poco frecuente dentro del contexto de los tumores, pero tiene una característica muy especial: tiene un tratamiento específico. “La leucemia mieloide crónica inauguró el concepto de terapia blanco. Nuestro tratamiento siempre ha sido la quimioterapia citotóxica tradicional. La terapia citotóxica en la práctica mata células y nosotros apostamos a que mate más células cancerosas que no cancerosas. Esa es nuestra apuesta y es muy eficiente, eso siempre hay que decirlo, la quimioterapia citotóxica cura a una muy buena proporción de los pacientes por eso sigue siendo un pilar fundamental del tratamiento, pero existe este otro concepto que es el concepto de terapia blanco en que yo ocupo una droga que tiene básicamente efecto principalmente en las células neoplásicas o que básicamente trata de afectar algún proceso celular especifico a estas células neoplásicas. Ese es el concepto de terapia blanco”, declara el médico.

Cabe destacar que el tumor de leucemia mieloide crónica fue el primero con el cual se demostró la presencia de una alteración genética específica, que es la translocación de los cromosomas 9 y 22, es decir, estos se intercambian y generan el fenómeno oncológico. “Pero esto no es hereditario. Ocurre en algún momento de la vida y las células que adquieren esta condición son las que inician el tumor. Lo bueno es que se logró identificar cuál era el fenómeno celular que producía esta translocación, lo que ayudó a desarrollar el concepto de terapia blanco”, manifiesta el especialista.

A pesar de que una gran parte de las leucemias mieloide crónicas se diagnostican por hallazgo, también se pueden identificar por algunos síntomas más específicos como:

  • Decaimiento.
  • Fiebre intercurrente.
  • Síntomas abdominales por crecimiento del bazo.

¿Cómo se puede diagnosticar la leucemia?

El abordaje inicial cuando un paciente consulta en urgencias o con un médico, es decir, cuando aún no está la sospecha, es solicitar exámenes de laboratorio habituales como un hemograma y un perfil bioquímico.

Una vez que se demuestran las alteraciones y el paciente es derivado a hematología para confirmar el diagnóstico específico y saber qué tipo y sub-tipo de leucemia tiene, es necesario tomar una muestra de médula ósea.

Para este procedimiento el especialista debe aspirar médula de dos sitios que son los más asequibles: la pelvis y el esternón. “En general, ambos procedimientos, con la técnica apropiada, con la anestesia local y con cierto nivel de sedación son procedimientos que no deberían doler al paciente”, comenta el médico de Clínica Dávila.