Pablo y su proceso frente al cáncer infantil
Acompañamiento, tratamiento y un nuevo comienzo
En mayo de 2025, la vida de Pablo y su familia cambió por completo. Lo que comenzó como una preocupación médica terminó en un diagnóstico difícil: un tumor de Wilms, un tipo de cáncer renal que afecta principalmente a niños. “Nos dimos cuenta en mayo. Fue un momento muy duro”, recuerda su mamá, Linda Romero. A partir de ahí, comenzó un camino que incluyó evaluaciones, decisiones complejas y un tratamiento que debía iniciarse con rapidez.
Dos meses después del diagnóstico, Pablo fue sometido a una cirugía en la que se realizó la extracción radical de su riñón derecho, un paso clave en su proceso. El tratamiento continuó con controles, seguimiento constante y el compromiso de toda su familia para cumplir cada indicación médica. A lo largo de este tiempo, hubo un factor que marcó la diferencia: la actitud de Pablo, quien, a pesar de los tratamientos, nunca dejó de ser un niño activo, cercano a su familia y con ganas de seguir jugando. “Siempre estuvo bien, siempre activo. Y también fue muy importante el apoyo de toda la familia, que estuvo presente en cada etapa”, agrega Linda.
Hoy, 11 meses después, la historia es distinta. Pablo y su familia vuelven al mismo lugar, pero esta vez con una noticia alentadora: sus exámenes no muestran rastro de cáncer. “Estamos celebrando una gran victoria”, cuenta su mamá, con emoción.
Un acompañamiento integral
El tratamiento de Pablo se realizó en el Centro Integral del Cáncer de Clínica Dávila Recoleta, un espacio especializado en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades oncológicas y hematológicas en niños, niñas y adolescentes. La oncología pediátrica no solo aborda el cáncer, sino que también considera todo el entorno del paciente, acompañando cada etapa del tratamiento, desde el diagnóstico hasta el seguimiento, con un enfoque integral que combina distintas especialidades médicas.
En este centro, los pacientes cuentan con un equipo multidisciplinario compuesto por oncólogos, hematólogos, cirujanos, enfermeras y otros profesionales especializados, además del apoyo de distintas subespecialidades pediátricas. La infraestructura también cumple un rol clave, con salas de aislamiento que cuentan con filtros de alta eficiencia y presión positiva, especialmente diseñadas para pacientes con sistemas inmunológicos debilitados, como ocurre en muchos tratamientos oncológicos. A esto se suma su capacidad para abordar casos complejos, incluyendo trasplantes de médula ósea en pacientes pediátricos, bajo estándares internacionales en investigación y tratamiento.
Más que un tratamiento, una red de apoyo
Historias como la de Pablo reflejan que enfrentar el cáncer infantil no es solo un desafío médico, sino también emocional y familiar. Por eso, el acompañamiento no se limita a lo clínico, sino que también busca entregar contención, orientación y cercanía en momentos donde cada paso es importante.
Hoy, con su tratamiento avanzado y sus controles al día, Pablo comparte un mensaje claro: “Que no se rindan… y que se mantengan saludables”. Un mensaje simple, pero poderoso, que resume un proceso lleno de desafíos, pero también de esperanza. Porque detrás de cada diagnóstico hay una historia, una familia y un equipo que trabaja para lograr lo más importante: que los niños puedan volver a su vida, a sus juegos y a su día a día.
Pablo, y su mamá Linda, el tocando la campana que significa el fin de su tratamiento.