La hemodiálisis, comúnmente conocida como diálisis, es una de las terapias de reemplazo renal más frecuente dentro del tratamiento de pacientes con insuficiencia renal aguda. Su función reside en limpiar artificialmente la sangre de la persona afectada, comprendiendo un ciclo que consiste en: tomar una cantidad importante de sangre del paciente, pasarla por un filtro que depura la sangre de toxinas y devolverla nuevamente al cuerpo del paciente.

Las dos formas que existen para tomar la sangre son:

  1. A través de un catéter grande (como un tubo de plástico) que puede ir en el cuello o en la ingle.
  2. Por medio de una fístula. Esta técnica une una arteria con una vena (generalmente del brazo, aunque también puede ser de la pierna) para hacer que la vena crezca en tamaño y puncionarla (hacer un orificio) para extraer la sangre. Este procedimiento es preferible, ya que el riesgo de infección es menor y es más cómodo para el paciente.

¿Cuándo es necesario someterme a una hemodiálisis?

Según el doctor Sebastián Cabrera, nefrólogo de Clínica Dávila, antes de someter a un paciente a una hemodiálisis, el médico intentará agotar todos los recursos que tenga disponible para no aplicarla. De hecho, la tendencia mundial sugiere realizar trasplante de órgano antes de llevar a cabo esta intervención; sin embargo, dado al bajo número de donantes en Chile, la hemodiálisis es el tratamiento más común para los chilenos.

El promedio de fallecimientos de pacientes sometidos a hemodiálisis es del 10% por año; y los motivos de mortandad se deben, principalmente, a insuficiencia cardiaca o infección.

Existen dos situaciones por los cuales el paciente debe recurrir a la diálisis:

  • Cuando se tiene una enfermedad muy severa que afecta a todo el cuerpo, incluyendo los riñones. En este caso particular, un porcentaje alto de pacientes logra salir de la hemodiálisis espontáneamente, una vez se recupera el cuerpo.
  • Personas que por consecuencia de la diabetes, de hipertensión, de una enfermedad del sistema inmunológico u obstrucción, sufren de un daño irreparable en el riñón.

La hemodiálisis estándar en Chile es de cuatro horas, tres veces a la semana. Esto significa doce horas de la semana dedicados a este tratamiento, lo que puede representar una disminución en la calidad de vida del paciente.