El déficit atencional es una patología que cada vez se diagnostica -y sobrediagnostica- más.  Se asocia con niños hiperactivos, impulsivos y con dificultad para concentrarse, y ahora se sabe que perdura hasta la adultez.

Según los especialistas, este trastorno tiene un importante componente genético, con un 75% de los casos de origen hereditario y un 25% causado por otros factores ambientales, como asfixia en el parto, problemas en el desarrollo intrauterino, infecciones, traumatismos encefalocraneanos, exposición a metales pesados como plomo o zinc, o madres que han abusado de sustancias como heroína o cocaína. Si bien no se puede prevenir, sí se puede diagnosticar a tiempo y tratar las consecuencias.

El incremento en el diagnóstico y tratamiento de esta condición estaría relacionado con las exigencias del medio, en especial en el ámbito escolar, donde se hace más evidente.

No tiene que ver con la inteligencia ni con el coeficiente intelectual, sino que éste es un problema que impide que ese coeficiente intelectual adecuado se exprese; el niño no tiene buenas notas porque tiene un problema de atención, se distrae, no se concentra, es hiperactivo.

Entre los principales síntomas que pueden alertar a los padres o profesores están la presencia de impulsividad, falta de atención o hiperactividad, características que irrumpen dentro de la conducta en forma importante y desproporcionada en comparación con sus pares, generalmente antes de los 12 años.

En los niños y escolares predomina en los hombres, pero en la medida que va pasando el tiempo se van ajustando, y en los pacientes adultos prácticamente se iguala, porque esto persiste.

Ante la sospecha de estar frente a este trastorno, es fundamental consultar a los especialistas y hacer la valoración correspondiente por un equipo multidisciplinario, que suele estar compuesto en primera instancia por el pediatra o neurólogo, y que además incluye al psicólogo y la evaluación psicopedagógica, para realizar el diagnóstico final y definir el tratamiento adecuado.

Muchas veces el problema principal puede ser el comportamiento que además puede provocar problemas de aprendizaje. Si bien es una opción, el tratamiento no siempre contempla medicación y puede complementarse con apoyo psicológico, tratamiento del área conductual a través de los padres y ayuda psicopedagógica, porque estos niños generalmente no han sido diagnosticados a tiempo y presentan un retraso en la adquisición de conocimiento.