Qué hacer cuando un familiar sufre Alzheimer

El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa que afecta a hombres y mujeres, generalmente mayores de 65 años, que en la mayoría de los casos se manifiesta a través de un deterioro cognitivo y trastornos conductuales siendo el principal síntoma la pérdida de memoria.

En un principio el enfermo puede llevar una vida relativamente normal, al pasar el tiempo necesita ser controlado y acompañado permanentemente, trabajo que muchas veces es difícil para el cuidador.

El , Dr. Rafael Aránguiz, Neurólogo de Clínica Dávila, entrega algunos consejos para que tanto las condiciones del paciente como de quién está a su lado sea la mejor.

Al principio esta patología genera que la persona tenga problemas con ciertas cosas puntuales como olvidarse de pagar una cuenta, un mal desempeño en la oficina y desorientarse cuando sale de casa, para luego incluso llegar a desconocer a sus familiares, presentar problemas de lenguaje y conductuales variados, entre otras cosas.

Si bien la persona con Alzheimer puede verse muy afectada, sus parientes y cuidadores también, ya que deben vivir con la carga y responsabilidad de protegerlos y estar atentos a todas sus necesidades. Por esto, es muy importante que ellos sepan qué hacer y que no, cómo reaccionar ante las situaciones difíciles y mantener la calma.

Lo primero es tener un diagnóstico oportuno, es decir, detectar la enfermedad antes de que el paciente comience con problemas de demencia. El primer consejo que se les da a los familiares, es que consulten ante cualquier indicio de problemas de memoria o cognitivos que indique que la persona pueda tener Alzheimer para así poder realizar un seguimiento y tratar los síntomas desde un comienzo.

Sin embargo, cuando ya se padece demencia y dificultades de conducta, puede ser necesario considerar tomar medidas más drásticas que ayuden a una mejor calidad de vida tanto del enfermo como de su cuidador.

1. Tener un enfoque multidisciplinario: No es suficiente tratar la patología con un medicamento y nada más. Cuando la persona ya sufre de Alzheimer es necesario que sea intervenido por un grupo que incluya como mínimo un neurólogo, fonoaudiólogo, psicólogo, psiquiatra, terapeuta ocupacional y asistente social.

2. Mantener una vida estructurada: Generalmente, los que padecen este trastorno tienden a ser muy vulnerables a los cambios de rutina, descompensándose rápidamente. Para evitar esto, hay que evadir las mudanzas, salir de viaje a lugares que representen una exigencia cognitiva para el paciente, cambiar de lugar los muebles de la casa, realizar cambios innecesarios en el domicilio, cambios frecuentes del cuidador, entre otras cosas. “La clave está en no hacer alteraciones innecesarias, de lo contrario, lo ideal es conversar con el paciente y explicarle anticipadamente lo que sucederá”.

3. Estar atento a los cambios de actitudes: Muchas veces los enfermos de Alzheimer sufren dificultades para hablar y entender lo que se les dice, por lo que es importante que su cuidador esté siempre alerta a las modificaciones de ánimo ya que pueden tener relación con enfermedades médicas como fiebre, infecciones o dolor.

4. Reorientar o no al enfermo: El tema de recordar al paciente de las cosas que ha olvidado depende de cada caso. Es bueno reorientarlo pero hay que impedir entrar en una discusión sin norte donde la persona terminará descompensada. Muchas veces puede reconocer a sus familiares pero confundir los nombres o parentesco.

5. Apoyo a los cuidadores: Lo ideal es que el encargado y los parientes acudan a un taller donde se le expliquen todos los detalles de la enfermedad, para luego acudir cada cierto tiempo a un psicólogo o psiquiatra para recibir contención y manejar eventuales trastornos del ánimo.

6. Repartir la carga: La sobrecarga debe ser equitativa entre todos los familiares del enfermo, ya que no es recomendable que una sola persona se responsabilice desde el cuidado hasta el tema financiero. En ocasiones puede ser necesario buscar la ayuda de un asistente social.

7. Dónde vivir: El lugar donde debe vivir el paciente depende de la situación de cada familia. Si el cuidador no tiene mucho tiempo para él, está sobrecargado o no tiene las capacidades físicas o psicológicas, hay que considerar la posibilidad de trasladarlo a una institución. Sin embargo, si la disponibilidad familiar es la adecuada, el domicilio tiene la infraestructura que corresponde y existe asesoría de un terapeuta ocupacional, el paciente puede perfectamente continuar viviendo con sus familiares.