“Mi situación es distinta, estuve siempre muy apoyada” repite constantemente Jeanette, secretaria de 47 años, dos hijos. Su caso es muy especial, ya que como asistente del equipo de Diálisis de Clínica Dávila por más de 10 años, conocía muy de cerca lo que le tocaría vivir a ella misma al enfrentar un trasplante de riñón.

A pesar de lo anterior, Jeanette cuenta que en un principio jamás relacionó las molestias que sentía con algo tan importante como el daño renal. “Empecé a comer menos de lo acostumbrado y sentía mucho frío, por lo que fui al médico. Llegué con todos los exámenes donde la doctora y ella, con lágrimas en los ojos, me dijo que tenía insuficiencia renal crónica en un estado tan avanzado que había que entrar a diálisis sí o sí”.

Según explica Jeanette, todo se desencadenó tan rápido que no profundizó en la búsqueda de la causa de su enfermedad, aunque se piensa que debe haber sufrido infecciones urinarias asintomáticas a repetición. “Pudo haber sido un cuadro agudo que yo nunca controlé, ya que en los exámenes posteriores apareció una nueva infección que yo tampoco había percibido”, expone.

Con el diagnóstico en mano, fue a informar de su situación a la enfermera jefe y el resto de su equipo. “Yo siempre he enfrentado lo que me ha tocado vivir, soy muy creyente y la experiencia me ha indicado que no estoy sola; yo siempre supe que iba estar bien. Al principio dudé en ser paciente en la misma unidad donde era la secretaria, pero rápidamente entendí que hay ciertos minutos en la vida donde hay que hacerle caso a la gente que sabe y el equipo de Clínica Dávila me acompañó en todo momento, desde el principio”, puntualiza Jeanette.

Si bien en un principio no se había planteado la posibilidad de realizarse un trasplante, el gran apoyo de su familia y la recomendación de su médico la convencieron. “Toda mi familia se ofreció a donar, mis seis hermanos, incluso mi mamá, pero fue mi hermana menor quién resultó ser la mejor opción, con la más alta compatibilidad. Por otro lado, mi doctor me habló del desgaste que significaba la diálisis para mi calidad de vida y le hice caso, porque él es quien más sabe”, asegura Jeanette.

Desde el diagnóstico hasta el momento del trasplante pasaron 11 meses, durante los cuales se mantuvo con diálisis peritoneal, la que se puede realizar durante las noches en el domicilio y que permite mayor independencia.

Actualmente, a más de un año de la cirugía, Jeanette cuenta que ha cumplido con todos los cuidados y recomendaciones al pie de la letra. “Yo he tratado de ser súper obediente y aplico lo que viví con el resto de los pacientes trasplantados. Siento que fue por algo el haber tenido la oportunidad de conocer tan de cerca las consecuencias y las complicaciones de las personas que no se cuidaban y lo que les pasaba a ellos y sus familias”, precisa.

En general, Jeanette cuenta que debe cuidar su alimentación, tomar inmunosupresores, corticoides y antihipertensivos, además de realizarse controles periódicos que se van espaciando a medida que pasa el tiempo.

“Yo ahora me cuido no por miedo enfermar o a perder un riñón. Me cuido porque no hacerlo significa dar la espalda a todas las personas que me ayudaron”, recalca.

Al poco tiempo retomó sus funciones de secretaria de la Unidad de Diálisis y actualmente desempeña el mismo cargo en la Unidad de Trasplante, donde ahora tiene la oportunidad de apoyar y guiar a los pacientes con su propia experiencia.

“La gente dice que yo coseché lo que sembré, que siempre ayudé a los demás y que mi carácter es lo que justamente se necesita en un lugar donde hay pacientes complejos que no lo pasan bien. Pero yo estoy muy agradecida de tanta gente que me ayudó, mi familia, los pacientes, la gente de la clínica. Me va faltar vida para agradecer todo lo que hicieron por mí”, explica.