La incontinencia urinaria y el prolapso uterino son patologías frecuentes que afectan a la mujer, especialmente después de la tercera a cuarta década.

Se estima que entre los 30 y 40 años, un 25% de las pacientes va a presentar un episodio de incontinencia.

Para abordar en detalle este tema se realizó un nuevo Dávila en Vivo, conversación en directo a través de Facebook donde se respondieron las principales consultas de nuestras pacientes.

En esta oportunidad se contó con la participación de los doctores Jaime Roa y Pablo Ortega, ginecólogos expertos en piso pélvico, ambos especialistas de Clínica Dávila.

Según explicó el doctor Jaime Roa, el prolapso se define como el descenso o caída de los órganos genitales internos o las paredes vaginales.

La incontinencia, en tanto, es el escape involuntario de orina. “Una mujer puede tener una incontinencia urinaria en un grado importante y no presentar nada de prolapso, o tener prolapso y nada de incontinencia de orina. Lo habitual es que tienden a coexistir, pero son entidades diferentes”, expresó el experto.

Por su parte, el doctor Pablo Ortega confirmó que algunas veces el prolapso afecta también el aparato esfinteriano y, cuando hay una debilidad, genera incontinencia urinaria.

“Hay factores promotores de la incontinencia urinaria que son también factores promotores para el prolapso”, aclaró.

Los especialistas indicaron que existen varios tipos de incontinencia urinaria y que la más frecuente y molesta es la incontinencia de esfuerzo, que se manifiesta cuando la persona se mueve, realiza ejercicio, corre o salta, baila, tose o estornuda.

También existe otra, llamada urgencia miccional, que se presenta con deseos imperiosos de orinar e incapacidad de contenerse, pero que habitualmente es temporal y no requiere de cirugía.

También existe un tipo de incontinencia mixta, que combina incontinencia de esfuerzo y de urgencia.

Causas de la incontinencia urinaria

“Antes la incontinencia empezaba después de la sexta década, pero ahora pacientes jóvenes, de 35 o 40 años, están comenzando a manifestar esta sintomatología y son varios los factores que lo pueden estar explicando”, aclararon los médicos.

El embarazo y el parto son factores importantes para desarrollar una incontinencia o un prolapso en los órganos pelvianos postparto.

La cesárea, en cambio, no sería un factor protector, pues bastaría con experimentar un embarazo para desarrollar un prolapso o una incontinencia, contó el doctor Ortega.

A esto se suma el esfuerzo físico extremo. “Las mujeres que realizan fuerza desmedida o levantan pesos que no son apropiados para su envergadura física o su estructura, sin preparación, terminan con prolapso e incontinencia”, expresó el doctor Roa.

Adicionalmente, la menopausia, el tabaquismo, la hipertensión y/o la diabetes mal tratadas también son factores de riesgo promotores para desarrollar patologías del piso pélvico.

Y en las pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica o EPOC y que por su condición están tosiendo constantemente, se genera un aumento de la presión intraabdominal que repercute sobre el piso pelviano.

“Ninguna incontinencia es normal, la mujer no tiene por qué tomarlo así. Si la incontinencia molesta o deteriora su calidad de vida, se debe consultar rápidamente. Apenas se presentan los síntomas”, puntualizó el doctor Roa.

Tratamientos del prolapso y la incontinencia urinaria

Cuando se evalúa al paciente y se observa un cambio anatómico en estadios iniciales, se suele indicar la realización de ejercicios kinésicos, con el objetivo de refortalecer los músculos del piso pelviano.

“Con esto, un número no menor de pacientes, hasta un 35 a 40%, pueden detener los síntomas de una incontinencia urinaria leve o, en su defecto, también disminuir la sintomatología del prolapso”, aseveraron.

A cargo de kinesiólogos, fisioterapeutas y matronas, estos ejercicios de rehabilitación son muy efectivos en los comienzos de ambas patologías, pero deben ser indicados por un especialista, pues pueden tener un efecto contrario y contraproducente.

Cuando esto ocurre, generan mayor molestia y dolor, si se está frente a un prolapso mayor o en estados secundarios o terciarios.

Según el doctor Ortega, estos ejercicios se usan en países escandinavos de manera preventiva a partir de la semana 24 antes del parto y en el post parto inmediato, con un gran porcentaje de pacientes que logran disminuir las posibilidades de presentar un prolapso posterior.

La cirugía de prolapso, en tanto, se indicaría cuando una paciente tiene malas condiciones anatómicas en su aparato genital. “Se estima que, por lo menos, un 10 a 11% de las pacientes van a tener que operarse en algún momento de su vida”, puntualizó el doctor Roa.

“En general, ambas intervenciones, de prolapso y de incontinencia, son relativamente rápidas, con una tasa de complicaciones muy baja, con un postoperatorio muy corto y una recuperación muy buena”, agregó.

Normalmente, la primera cirugía de prolapso se realiza con los mismos tejidos de las pacientes (tejidos nativos), que pueden estar deteriorados, por lo que se reparan con suturas especiales.

El post operatorio

Tras la intervención, es muy importante hacer un muy buen reposo, evitando levantar pesos.

“En el fondo, el prolapso es una hernia genital, y si el paciente vuelve a hacer esfuerzos mayores, va a volver a aparecer, y ahí las soluciones van a ser diferentes; el paciente se va a tener que operar nuevamente y posiblemente haya que utilizar algún grado de prótesis, como una cinta de malla”, explicó el doctor Roa.

Cuando se aplica una técnica pura para incontinencia de orina, se usan cintas de malla sintética.

Tras esa cirugía, en una semana la paciente puede estar desarrollando su vida en forma normal.

En cambio, si adicionalmente se debe corregir una hernia genital, que es el prolapso, la recuperación en clínica es de dos a tres días, y en casa se necesitará de un reposo de por lo menos un mes, sin hacer esfuerzo.

“No es necesario que todo el reposo sea en cama, puede estar en pie, pero no tiene que cocinar, no tiene que hacer aseo ni correr los muebles, ni ir a la feria ni al supermercado. Para que los tejidos logren estabilizarse, se cicatricen y las suturas hagan su trabajo, ese reposo es muy importante”, aclararon.

Por lo anterior, los especialistas refirieron tres factores fundamentales para obtener resultados exitosos en la cirugía de piso pélvico, tanto de incontinencia como de prolapso: la experiencia del equipo quirúrgico, la técnica que se genere en la cirugía y el reposo de la paciente.

Si no se cumplen, la paciente puede tener una recidiva o recaída. De hecho, se estima que el 50% de las pacientes recaen cuando se operan con sus propios tejidos, que ya están dañados, y no cumplen con el reposo adecuado o la cirugía no se hizo con la técnica más adecuada.

Asimismo, los médicos destacaron que la cirugía no es la única solución a las patologías del piso pélvico y que existen otras muy buenas alternativas que pueden ayudar y mejorar la calidad de vida, especialmente cuando la salud de la paciente no hace posible la intervención.

Entre ellas se encuentra el uso de pesarios, dispositivos de silicona que se colocan en la vagina y que sostienen el aparato genital. “Mientras se utilizan, la paciente puede seguir haciendo su vida normal, incluso su vida sexual, pues no se ve ni se siente”, contó el doctor Jaime Roa.

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