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Los más frecuentes son los
pólipos.
Entre los poco frecuentes destacan
los papilomas y el angiofibroma (o nasofibroma)
juvenil.
Los papilomas nasales son tumores
que aparecen en las cercanías del vestíbulo
nasal. Son duros y de aspecto verrucoso. Cuando
están muy al exterior pueden verse antes
de dar síntomas, de lo contrario, pasan
inadvertidos hasta que causan obstrucción
nasal unilateral de lenta evolución. El
tratamiento es quirúrgico.
El nasofibroma juvenil aparece
en niños del sexo masculino. Es una masa
no cancerosa en la parte posterior de la nariz
o en la parte superior de la garganta (nasofaringe)
que contiene muchos vasos sanguíneos. El
tumor crece lentamente, y se caracteriza por presentar,
además de obstrucción nasal, una
masa nasal visible, epistaxis abundantes (hemorragias
nasales). Los angiofibromas juveniles deben ser
extirpados lo antes posible, porque crecen de
gran tamaño, y son capaces de erosionar
el hueso. Tarde o temprano su tendencia a sangrar
hace que el paciente muera por hemorragia.
Pueden ser epiteliales o linfoides.
Entre los epiteliales, el más frecuente
es el carcinoma epidermoide que siendo raro, aparece
más veces en la rinofaringe que en los
senos paranasales o en la fosa. Son padecimiento
de adultos, y sólo excepcionalmente se
presentan en niños. Los síntomas
iniciales del carcinoma, tanto de la nariz como
de los senos paranasales, son obstrucción
nasal y rinorrea purulenta por infección
secundaria.
Los tumores de estirpe linfoide
aparecen tanto en niños como en adultos.
Cuando se presentan en rinofaringe, los síntomas
clínicos iniciales son obstrucción
nasal y rinorrea purulenta, consecuencia de la
infección secundaria de las cavidades paranasales.
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