Ya sea que se encuentren en la cara o en otra parte del cuerpo, muchas veces los lunares son una fuente de preocupación, debido al temor de que puedan ser malignos o bien por temas estéticos. Ahora bien, este tema no sólo afecta a adultos, sino que también a niños y adolescentes, quienes también pueden acceder a una cirugía de remoción a partir desde los tres meses de edad.

¿Cuándo se debe remover un lunar a un niño o niña?

Al respecto, la cirujano infantil de Clínica Dávila, doctora Carolina Correa, señala que un lunar puede ser removido en caso de que mida más de seis milímetros o presente bordes irregulares y, por supuesto, cause incomodidad en el niño o niña. “No es necesario esperar a que el paciente crezca. La asimetría, la pigmentación distinta o que pique, esas son las indicaciones, pero lo relevante también es el tamaño”.

Sobre los ya mencionados seis milímetros, un lunar ya puede tener indicación para ser extirpado “tratando de hacer la mejor cirugía para dejar la menor cicatriz, sin tener que esperar a que el lunar siga creciendo porque, en la medida que sea más grande, la cicatriz que deja también lo será”, acota la especialista.

¿En qué consiste la operación de remoción de lunares?

En palabras de la doctora Correa, “si se trata de un lunar pequeño -de menos de un centímetro- se saca como si fuera un ojal” dejando una línea pequeña en la zona. En cambio, si se trata de un lunar o nevus de mayor tamaño, la técnica será diferente de acuerdo con el caso particular de cada paciente.

“En general esta cirugía es ambulatoria y su postoperatorio no es muy doloroso, se deja un parche que no se debe tocar ni hacerle nada hasta que el niño venga a control tras una semana”, señala la especialista, quien agrega también que se trata de un proceso postoperatorio relativamente sencillo.

La profesional agrega que la remoción de lunares en niños es un procedimiento que es menos conocido cuando se trata de pacientes menores de edad. “La gente piensa que tiene que dejarlo para más adelante y no es así, se puede consultar desde los tres meses de edad” e incluso programar la cirugía para más adelante, si fuese necesario.

“¿Para qué esperar que el niño vaya al colegio con el lunar y le digan ‘¿qué tienes aquí?’”, acota la cirujana ya que, tal como en el resto de las cirugías plásticas pediátricas, ellas no solamente se realizan con un afán estético sino también con la intención de mejorar la autoestima y la calidad de vida de los niños y adolescentes, evitando un posible bullying de parte de sus amigos y compañeros por dicha causa. “La mayoría de estas operaciones son ambulatorias o solamente requieren un día de hospitalización, sin representar un gran costo para el paciente, pero en cambio significan un tremendo beneficio para su calidad de vida”, finaliza la especialista.